jueves, 14 de febrero de 2013

Imaginar.

Hay veces en la vida que te paras a pensar en qué quieres hacer con ella, en cómo será tu futuro, tus niños, tu marido. Y te paras a pensar que en distintas épocas o etapas de tu vida has pensado esto mismo, el futuro, qué será de él. Y te das cuenta, de que cuando eras pequeña pensabas en cómo sería tu vida con 18 años y te das cuenta de que nada es lo que creías. Que las aspiraciones que tenías por entonces ni siquiera se asemejan en lo más mínimo. Te fijas en aspectos de tu vida que no querías que fueran así, te imaginabas una vida perfecta, teatro, príncipes y princesas. Y cuando llegas al momento del futuro que pensabas antes, te das cuenta de que todo eso existe, siempre y cuando lo imagines. Empiezas a pensar en cosas que antes sospechabas, en cavilaciones y miles de preguntas que antes no tenían respuesta. Supongo que en sí, ahora todo es diferente, porque es cierto que ahora adquieres la madurez que antes no tenías. Pero aún así, te da miedo llegar a ese momento de tu vida que planificas ahora y ver que no es lo que pensabas. No es que sea mejor ni peor, la hipótesis con la realidad, sino que te das cuenta de que obtienes lo que construyes. Por lo que te conciencias y vas caminando despacio, estando atento a tus decisiones, y vuelves a caer en lo mismo. Otra vez pequeñas decisiones que tomamos de manera espontánea se convierten en errores del futuro o lo marcan. Y claro, te frustras porque no puedes marcar la pauta de un futuro con el que sueñas, porque jamás va a ser así. Y por eso creo que dicen que tenemos que ser nosotros mismos siempre, porque al fin y al cabo, las decisiones son muy personales. Porque por mucho que intentes huir de lo que piensas, de lo que dices o lo que haces, el destino seguirá su curso como hasta ahora. Por eso es difícil soñar con algo, porque no se sueña de aquí a un futuro lejano, se sueña todos los días y se lucha por ello. Normalmente esperamos a que nos vengan las cosas por sí solas, con frases como "ya veré lo que hago". Ese es uno de los grandes errores. Eso es lo que nos hace anclarnos en el tiempo y no darnos cuenta de que cada paso en falso se guardará en tu historial. Es por eso que hay gente que no cree en el destino, porque piensa que el destino está en todo lo que construimos día a día. Si todos nos hiciéramos preguntas de un futuro determinado tendríamos la respuesta de lo que será. Pero con una pega: Que confundiríamos lo que queremos que sea con lo que de verdad va a ser.

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