miércoles, 9 de abril de 2014

Medio año.

Seis meses... Medio año ya sin ti y todavía no he podido evitar pasar una noche sin llorar por haberte perdido. Llevo medio año llorando cada noche sin consuelo, porque mi único consuelo sería que volvieras conmigo. Llevo medio año sin ser yo. Llevo medio maldito año imaginándome un reencuentro contigo, en el que voy a abrazarte, y tu me coges en brazos, como siempre. Medio puto año buscándote por cada callejón, por cada rincón de esta casa vacía. Deseo escucharte con todas mis fuerzas, pero lo único que encuentro es un silencio que me destroza por dentro. Intento cerrar los ojos para poder verte, pero lo único que consigo es llorar por todo lo que te echo de menos. Te necesito como el respirar papi, y no estás, y cada día que pasa es como una patada en el pecho que me quita el aire. Se supone que si algo te pertenece en la vida, acaba volviendo; ¿qué me pertenece más que tú mi ángel? La vida es una maldita mentira. Mi papito, te amo como nunca jamás amaré a nadie, y este amor es eterno mi trocito de cielo...❤

Vivir duele.

Quiero volver a ser niña para no darme cuenta de nada. Para poder sacarle la lengua a la vida y sentirme grande. Para reírme de la vida, sonriendo a pesar del daño que me haga. Se dice que a medida que crecemos, vamos haciéndonos más fuertes, pero no. Quizá sea porque todavía de pequeños no conocemos el verdadero dolor, pero solamente por esa inocencia y por esas ganas de sonreír yo lo daría todo ahora. Sacarle la lengua a la vida sin miedo a lo que esta te pueda llegar a hacer, es de fuertes, porque los niños sacan la lengua para decir 'no te tengo miedo', porque la forma de los niños de desafiar a la vida, es sacándole la lengua. De niños no tenemos miedo, y yo ahora, tengo miedo de la vida, después de haberla desafiado tantas veces, y de haberla dicho que no la tenía miedo. Las cosas cambian. La realidad duele, y la vida te hace daño. La vida te hace débil.

¿Cinco meses? Una tortura...

¿Qué son cinco meses? Para vosotros no sé, pero para mí, sobre todo estos cinco últimos, han sido horribles, una pesadilla. Y más cuando me doy cuenta de que cinco meses son casi seis, y que seis meses es medio año; que es mucho tiempo, y a mí me ha parecido todo y nada a la vez. Porque parece que fue ayer cuando te tenía de mi mano, y ya hoy, hace cinco meses que te tuve que soltar para que te fueras para siempre, y yo no he avanzado, no avanzo, no puedo sin ti. Todo me viene grande, todo me queda grande, la vida es demasiado grande para mí si tú no estás. Papi, me tienes que perdonar cada vez que lloro, me tienes que perdonar todas las noches de lágrimas, cada bajón; porque eso significa que te quiero, y que no verte me rompe, me hunde, me destroza. Tengo tantas preguntas sin respuesta, tengo tan poco claro para qué sirve la vida, tengo tantas dudas, tantos miedos. ¿Para qué vivir? Bueno mejor, ¿Para qué vivir sin ti? Todo es malo. Nadie se preocupa por mí tanto como lo hacías tú, y nadie me entiende tan bien como me entendías tú, y yo eso es lo que necesito joder, lo necesito. Siento que nunca lo voy a superar, y que nunca me voy a acostumbrar a estar sin ti. Porque por mucho que hayan pasado cinco meses, el dolor sigue, y aumenta. Porque cinco meses parecen mucho, pero pueden ser eternos. Y a veces puede parecer que un día se repite una y otra vez, porque desde hace cinco meses, mis días son siempre lo mismo, porque todo me da igual, porque no me importa nada, y lo único que quiero es que vuelvas... ¿Cinco meses? Una tortura...

domingo, 22 de diciembre de 2013

Me he dado cuenta...

Me doy cuenta de que estar triste no me sirve para volver a verte, y que llorar no te trae de vuelta conmigo. Me he dado cuenta de que pensarte con todas mis fuerzas no me hace soñar contigo, también que aunque me imagine que me abrazas cada día, no me llena el corazón como los abrazos que me dabas. Me he dado cuenta de cuánto me gusta que me picaras con cualquier chorrada. Me he dado cuenta de que necesito verte cada día para ser feliz. Echo de menos que me trates como una princesa de cuento; que vengas a despertarme, te quedes mirándome como si para ti fuera la más bonita de todas, me hagas caricias y que después me cojas en brazos y me llevaras hasta la cocina. Echo de menos ir a tirarme encima tuya para despertarte de la siesta, y que tú me miraras con cara de perro, y que de repente sacaras una media sonrisa que a mí me encantaba. Echo de menos jugar a empujarnos con los pies estando uno en cada punta del sofá. Echo de menos mirarte, quedarme un rato mirándote, y pensar en la suerte que tenía en tener un padre como tú. Echo de menos cogerte de la mano, y pensar en lo muchísimo que te amo. Me doy cuenta de que he vivido los mejores 18 años de mi vida contigo. Me he dado cuenta de que se puede amar sin ver, sin sentir, sin hablar... Me doy cuenta de para amar solo se necesita un corazón lleno de amor. El amor, ese sentimiento que tú me enseñaste a sentir, ya que fuiste el primer hombre que amé, y el primer hombre que me enseñó a amar. Fuiste mi héroe, mi enemigo a veces; mi consejero, mi ayudante, mi profesor, mi guardaespaldas, mi chófer... Pero... ante todo, siempre serás mi padre, y el único hombre que amaré toda mi vida. Te amé desde que nací, y te amaré todos los días de mi vida.

lunes, 7 de octubre de 2013

Irune no es Irune...

Dicen que escribiendo lo que siento, o simplemente compartiéndolo, me voy a sentir mejor. Pero a mí lo de escribir no me está sirviendo para nada, porque el dolor no se va y la tristeza y mis lágrimas siguen ahí. No tengo fuerzas para afrontar la vida, lo que a esta le dé la gana de ponerme por delante. No tengo fuerzas para afrontar el día a día; ni fuerzas ni ganas. Mi mente está totalmente fuera de sí, no soy capaz de concentrarme para hacer nada, está encerrada en sí misma mandando dolor, dolor y más dolor a mi corazón. Antes no era difícil sacarme una sonrisa, más bien era lo más fácil del mundo, porque me reía con todo y por todo. Pero ahora es totalmente al revés. Nadie me ve, pero durante el día, más de una lágrima cae de mis ojos. Mi voz es tímida, lo que nunca he sido. Pero es que si me pongo ha hablar sé que voy a llorar, sé que voy a empezar a llorar y no voy a poder parar, como me pasa cada noche. Me puedo pasar horas y horas llorando, mordiendo la almohada y dándole puñetazos de la rabia, pidiendo una maldita explicación de por qué tú, por qué tan pronto, y por qué así. Siempre he dicho que yo no soy de llorar, que en mi vida pocas veces he llorado. Pero ahora estoy llorando lo que no he llorado en 18 años. Porque esto me está superando, esto me supera, esto puede conmigo. Llevo más de un mes sin dormir una noche entera, seguida, y estoy que me caigo. Pero aun así, no sé si será el dolor o la rabia lo que me impide dormir, no puedo, no consigo dormir. Me creía una persona fuerte, una persona que podía con todo lo que se le viniera encima. Pero veo que la vida me ha querido demostrar que no, de la manera más dura que ha podido. Me ha demostrado que soy débil, que no puedo aguantar una sola lágrima dentro de mí como hacía antes. Al final he llegado a la conclusión de que la vida no te enseña a golpes, te enseña a hostias, pero de estas hostias con las que te caes al suelo de lo fuerte que te dan. Pues así estoy, tirada en el suelo, con el mundo encima de mí. Sin poder moverme, sin poder hacer nada para salir de ahí, al menos por ahora, porque estoy sin fuerzas para levantarlo, y si intento levantarlo, duele. Estoy atrapada en un yo que no soy yo. Irune no es Irune, Irune no sonríe, Irune finge una sonrisa. Irune no ríe, Irune llora. Irune no está feliz, Irune está destrozada...

domingo, 15 de septiembre de 2013

No soy capaz de asimilar tanto dolor.

Intento buscarte por todos lados. En mis sueños, en mis lágrimas... Pero lo único que encuentro son recuerdos, recuerdos que me dan tristeza porque sé que jamás se volverán a repetir, sé que se quedarán en eso, en recuerdos. En imágenes que crea mi mente, imágenes que son pasado, momentos vividos, pero yo eso no lo quiero... Yo no quiero recordarte, yo quiero seguir viviendo momentos contigo. Yo no quiero tener cosas que me recuerden a ti, yo te quiero tener a ti. Yo no quiero darle besos a tus fotos, yo quiero darte besos a ti. Yo no quiero abrazar cosas que huelen a ti, quiero abrazarte a ti. Yo no quiero imaginarte, quiero verte. Yo no quiero sentirte, quiero caminar de tu mano. Yo no quiero llorar porque tú no estés, quiero sonreír viéndote cada día. Llego a casa y te sigo esperando, sigo esperando a que abras la puerta para decirte: Hola papito, y que tú me digas: Hola cariño. Yo no quiero llegar a casa y que esto no pase. Yo no quiero que sea de noche si nosotros no nos peleamos por qué ver en la tele. Yo no quiero dormir sabiendo que al día siguiente no te voy a encontrar. Yo no quiero pensar que no te volveré a ver, no quiero pensar en que te has ido para siempre. No puedo, no puedo pensarlo, no puedo creerlo, no soy capaz de asimilar tanto dolor. Tu recuerdo es lo único que me queda, pero él no puede hablarme de ti. Necesito oírte. Necesito que estés aquí. Porque yo no quiero decirte "te amo" mirando al cielo, quiero decírtelo mirándote a los ojos...

jueves, 12 de septiembre de 2013

Por ti papito.


No pensaba que oírte, verte, abrazarte… Iba a llegar a ser tan necesario para poder ser feliz, para poder plantarle cara al día… Para sonreír. Ahora mismo, me viene una imagen tuya a mi cabeza, y eres tú escondido detrás de la puerta de casa, para asustarme al entrar… ¿Sabes? Sigo mirando detrás de la puerta, por la rendijita, por miedo a que me asustes… Te acuerdas que en esos momentos siempre gritaba: Aitaaa, no me asustes, que te pego eh, ¡te lo prometo! Y tú te reías y salías de detrás de la puerta, y no volvías a hacerme la broma hasta que veías que se me había olvidado, y yo volvía a caer y volvía a asustarme como una tonta. Que buenos momentos papito. Ahora me acuerdo de cuando llegabas de trabajar, venías a darme un beso a la sala, te sentabas en tu silla de la cocina, mirabas hacia la sala con cara de tontito, y me decías: ¿A fumá con papi? Cosa que yo jamás rechazaba… No por fumar, sino por estar contigo. Ahí, en ese momento, era cuando te contaba toda mi mañana en clase, y después tú me contabas tu mañana de trabajo. Eso era ya rutina, una rutina que nunca volveré a vivir, una rutina que ya solo vive mi memoria… Yo no sabía que se podía llegar a echar tanto de menos a alguien, no sabía que podía llegar a doler tanto. Estoy como en shock todavía… No siento nada, no quiero nada... No quiero nada que no seas tú volviéndome a acariciar cada noche, abrazándome en los días de tormenta, riéndote de mí, porque me dan miedo los truenos. No quiero pensar en nada, solo me sale pensar que sigues aquí, conmigo, con nosotros, aunque sé perfectamente que no es así… Todavía espero despertarme algún día, y que todo esto haya sido una mala pesadilla, un mal sueño… Porque cosas así, solo deberían pasar en sueños, que eso dolería menos. No hace ni una semana que te perdí, pero parece que cada segundo que pasa esto duele más, tu ausencia duele más, tengo más ganas de llorar… Lo único malo, es que ya no estarás para secar mis lágrimas pasándome tus dedos por los ojos. Ya no estás para decirme “pero que guapa eres hija” aunque fuera con una cutre coleta, sin maquillar y con el pijama más viejo y feo que tenía. Y el heavy metal… Como lo odiaba cuando lo escuchabas, y ahora, cuanto deseo escucharlo. Es increíble cómo cambia todo. Ha cambiado mi forma de ver la vida, ahora la veo injusta, creo que no existe el destino, sino que, la vida te da hostias porque sí. ¿Lo único que no ha cambiado? Eso de… “Cada día te quiero más”, ¿Te acuerdas papi? Me lo decías siempre… Pues ahora, te lo digo yo: CADA DÍA TE QUIERO MÁS. Y eso no va a cambiar, aunque ya no te pueda tocar. Una última cosa… TE AMO, MI TROCITO DE CIELO.