jueves, 12 de septiembre de 2013

Por ti papito.


No pensaba que oírte, verte, abrazarte… Iba a llegar a ser tan necesario para poder ser feliz, para poder plantarle cara al día… Para sonreír. Ahora mismo, me viene una imagen tuya a mi cabeza, y eres tú escondido detrás de la puerta de casa, para asustarme al entrar… ¿Sabes? Sigo mirando detrás de la puerta, por la rendijita, por miedo a que me asustes… Te acuerdas que en esos momentos siempre gritaba: Aitaaa, no me asustes, que te pego eh, ¡te lo prometo! Y tú te reías y salías de detrás de la puerta, y no volvías a hacerme la broma hasta que veías que se me había olvidado, y yo volvía a caer y volvía a asustarme como una tonta. Que buenos momentos papito. Ahora me acuerdo de cuando llegabas de trabajar, venías a darme un beso a la sala, te sentabas en tu silla de la cocina, mirabas hacia la sala con cara de tontito, y me decías: ¿A fumá con papi? Cosa que yo jamás rechazaba… No por fumar, sino por estar contigo. Ahí, en ese momento, era cuando te contaba toda mi mañana en clase, y después tú me contabas tu mañana de trabajo. Eso era ya rutina, una rutina que nunca volveré a vivir, una rutina que ya solo vive mi memoria… Yo no sabía que se podía llegar a echar tanto de menos a alguien, no sabía que podía llegar a doler tanto. Estoy como en shock todavía… No siento nada, no quiero nada... No quiero nada que no seas tú volviéndome a acariciar cada noche, abrazándome en los días de tormenta, riéndote de mí, porque me dan miedo los truenos. No quiero pensar en nada, solo me sale pensar que sigues aquí, conmigo, con nosotros, aunque sé perfectamente que no es así… Todavía espero despertarme algún día, y que todo esto haya sido una mala pesadilla, un mal sueño… Porque cosas así, solo deberían pasar en sueños, que eso dolería menos. No hace ni una semana que te perdí, pero parece que cada segundo que pasa esto duele más, tu ausencia duele más, tengo más ganas de llorar… Lo único malo, es que ya no estarás para secar mis lágrimas pasándome tus dedos por los ojos. Ya no estás para decirme “pero que guapa eres hija” aunque fuera con una cutre coleta, sin maquillar y con el pijama más viejo y feo que tenía. Y el heavy metal… Como lo odiaba cuando lo escuchabas, y ahora, cuanto deseo escucharlo. Es increíble cómo cambia todo. Ha cambiado mi forma de ver la vida, ahora la veo injusta, creo que no existe el destino, sino que, la vida te da hostias porque sí. ¿Lo único que no ha cambiado? Eso de… “Cada día te quiero más”, ¿Te acuerdas papi? Me lo decías siempre… Pues ahora, te lo digo yo: CADA DÍA TE QUIERO MÁS. Y eso no va a cambiar, aunque ya no te pueda tocar. Una última cosa… TE AMO, MI TROCITO DE CIELO.

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