No pensaba que oírte,
verte, abrazarte… Iba a llegar a ser tan necesario para poder ser feliz, para
poder plantarle cara al día… Para sonreír. Ahora mismo, me viene una imagen
tuya a mi cabeza, y eres tú escondido detrás de la puerta de casa, para
asustarme al entrar… ¿Sabes? Sigo mirando detrás de la puerta, por la
rendijita, por miedo a que me asustes… Te acuerdas que en esos momentos siempre
gritaba: Aitaaa, no me asustes, que te pego eh, ¡te lo prometo! Y tú te reías y
salías de detrás de la puerta, y no volvías a hacerme la broma hasta que veías
que se me había olvidado, y yo volvía a caer y volvía a asustarme como una
tonta. Que buenos momentos papito. Ahora me acuerdo de cuando llegabas de
trabajar, venías a darme un beso a la sala, te sentabas en tu silla de la
cocina, mirabas hacia la sala con cara de tontito, y me decías: ¿A fumá con
papi? Cosa que yo jamás rechazaba… No por fumar, sino por estar contigo. Ahí,
en ese momento, era cuando te contaba toda mi mañana en clase, y después tú me
contabas tu mañana de trabajo. Eso era ya rutina, una rutina que nunca volveré
a vivir, una rutina que ya solo vive mi memoria… Yo no sabía que se podía
llegar a echar tanto de menos a alguien, no sabía que podía llegar a doler
tanto. Estoy como en shock todavía… No siento nada, no quiero nada... No quiero
nada que no seas tú volviéndome a acariciar cada noche, abrazándome en los días
de tormenta, riéndote de mí, porque me dan miedo los truenos. No quiero pensar
en nada, solo me sale pensar que sigues aquí, conmigo, con nosotros, aunque sé
perfectamente que no es así… Todavía espero despertarme algún día, y que todo
esto haya sido una mala pesadilla, un mal sueño… Porque cosas así, solo
deberían pasar en sueños, que eso dolería menos. No hace ni una semana que te
perdí, pero parece que cada segundo que pasa esto duele más, tu ausencia duele
más, tengo más ganas de llorar… Lo único malo, es que ya no estarás para secar
mis lágrimas pasándome tus dedos por los ojos. Ya no estás para decirme “pero
que guapa eres hija” aunque fuera con una cutre coleta, sin maquillar y con el
pijama más viejo y feo que tenía. Y el heavy metal… Como lo odiaba cuando lo
escuchabas, y ahora, cuanto deseo escucharlo. Es increíble cómo cambia todo. Ha
cambiado mi forma de ver la vida, ahora la veo injusta, creo que no existe el
destino, sino que, la vida te da hostias porque sí. ¿Lo único que no ha
cambiado? Eso de… “Cada día te quiero más”, ¿Te acuerdas papi? Me lo decías
siempre… Pues ahora, te lo digo yo: CADA DÍA TE QUIERO MÁS. Y eso no va a
cambiar, aunque ya no te pueda tocar. Una última cosa… TE AMO, MI TROCITO DE
CIELO.
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